domingo, 22 de noviembre de 2015

Las ciencias y las Tecnologías para Promover una Sociedad Menos Injusta

Es precisamente en este concepto donde surge esta nueva disciplina: Ciencia,
Tecnología y Sociedad. Una de sus pretensiones es levantar un puente que comunique ambas culturas, establecer un vocabulario común que permita un acceso social a cuestiones técnicas en su contenido, pero a la vez profundamente políticas, sociales y, en definitiva, humanas, en sus consecuencias. Hasta hace algunas décadas, la fe en el progreso evitaba cualquier tipo de crítica profunda hacia la ciencia y la tecnología. Se pensaba que sus efectos perversos eran consecuencia de acciones puntuales de individuos que traicionaban el ethos de la ciencia, que toda tecnología es neutral en sí misma, y que sólo su uso tenía un carácter moral. Es decir, que sólo se podía hablar de un uso bueno o malo de una tecnología intrínsecamente neutral. Se pensaba que la ciencia extendería su influencia benéfica sobre todas las clases sociales, que la humanidad se encaminaría hacia una nueva Edad de Oro por mor del conocimiento científico. Más tarde, comprobamos que las consecuencias no eran tan sencillas como se pensaba. El progreso no beneficiaba a todos por igual. De hecho, parece que las desigualdades aumentaban al aparecen nuevas élites basadas en la posesión o no de dicho conocimiento. La tecnología no siempre era neutral, sino que podía encubrir en su diseño diferentes concepciones del mundo, diferentes formas de poder. Tras la tierra y el capital, el conocimiento científico plasmado en la tecnología más avanzada, se constituye como el recurso estratégico básico que define la fuerza de una sociedad de la información, se establece como uno de los principales factores de estratificación social.

Uno de los mayores avances en esta concepción contemporánea de la ciencia y la tecnología ha sido el descubrimiento en ellas de dimensiones esencialmente humanas, dimensiones que están siempre presente en cualquier hecho científico o técnico: en la elaboración de una nueva teoría, en la polémica científica entre teorías alternativas, en el diseño y fabricación de artefactos y tecnologías organizativas, etc.
Toda actividad científicotécnica es una empresa humana, y como tal difícilmente puede substraerse a un análisis que muestre cómo esas dimensiones no-técnicas se imbrican en el producto final... y también en la forma en que vivimos (utilizamos, rechazamos, aceptamos, concebimos, etc.) dicho producto.
En definitiva, este reconocimiento ha llevado a la aparición de una disciplina que tendrá un papel esencial en el proceso de construcción de una ciudadanía, pero que no se ciñe a las fronteras disciplinarias tradicionales. No hablamos de una filosofía de la tecnología, o de una sociología de la ciencia, sino de una disciplina que aprovecha elementos y metodologías tomadas de la filosofía, la sociología, la historia, el análisis textual, la semiología y otros campos relacionados para conformar un campo de estudio que se unifica por el objeto de estudio. Por supuesto, las ciencias duras también cobran aquí un papel indispensable, ya que es preciso apoyarse en un conocimiento suficiente de los mecanismos internos de los hechos técnicos o de los descubrimientos científicos para poder elaborar un análisis adecuado de los mismos.
 De esta forma se busca disolver la dicotomía entre ambas culturas, ya que sin la intervención de ambas formas de conocimiento no se puede llegar a una comprensión adecuada de la significación y relevancia de la ciencia y la tecnología para la sociedad actual. Tampoco se descubriría hasta qué punto la ciencia y la tecnología de que disfrutamos son consecuencia de la sociedad que somos, cómo nuestra forma de vida afecta y diseña las formas tecnológicas y marca el camino a seguir para el desarrollo de la ciencia. La interacción entre ciencia, tecnología y sociedad camina pues en ambos sentidos.





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