domingo, 22 de noviembre de 2015

INDIVIDUO Y COLECTIVIDAD


Lo colectivo y lo individual, no tienen por qué formar una dicotomía, no tienen que estar divididos, hay una unidad; de lo individual se forma lo colectivo, del individuo se llega a la sociedad y allí se crean o descubren nuevos valores; como lo es la democracia, la cual decide, mucho de lo común, a todos los individuos. La democracia como estado ideal de la sociedad.
En las religiones también se plantean conclusiones similares; el ideal de vida comunitaria: “Amarás al prójimo como a ti mismo“. Jesús dio el ejemplo; vivió, enseñó, sufrió y murió por el prójimo. Los personajes más amados por la humanidad han seguido ese  camino.

Se me antoja calificar el ‘amor al prójimo’ como la filosofía perfecta; no es un dogma, pero establece de manera absoluta, las mejores relaciones entre las personas. Ya es tiempo de darle el verdadero valor en nuestras vidas, dejando el cinismo a un lado.
Igualmente, en la organización de la sociedad, de los Estados; el liberalismo, que fue una respuesta al absolutismo, representa el individualismo, desafectado del bien común y teniendo a la utilidad como fin último de vida; es decir, el egoísmo como filosofía. Lo cual claramente está desfasado y debe permitir el paso al socialismo, donde el individuo hace su mejor esfuerzo por el colectivo. Algo que no se puede negar es que, en nuestro ideal, siempre reconocemos que la patria está primero, que el individuo siempre se lo dice; claro que muchos lo dicen, mintiendo, en forma cínica. Y realmente la patria es el bien común y los ciudadanos son, en definitiva, la patria.
Los ciudadanos, en el paso al socialismo, descubren fácilmente sus mejores valores; la conciencia social, el respeto a la vida, la solidaridad, la modestia, el sacrificio, la humildad, la alegría libre de complejos, prejuicios y antivalores, entendiendo que las semejanzas son más importantes que las diferencias y que el compartir tiene más valor que el competir; y que el competir es más con uno mismo. Desterrando el egoísmo, la avaricia, el lujo, los prejuicios, los fanatismos, los extremismos, la violencia, el machismo y todo lo que signifique negar el amor al prójimo.

Igualmente, las libertades adquieren nuevas dimensiones dirigidas al bien común y el libertinaje se sumerge en lo individual. La misma libertad de expresión, que no siempre fue el ideal supuesto, sino el instrumento de dominación ideológica de los poderes económicos dominantes, ahora mismo, siendo los medios de información privados, parte de la empresa privada; tienen como fin último la utilidad y tienen que ser controlados por la sociedad en su parte ideológica, contraponiendo la  democracia participativa y en cuanto al engaño, la mentira y la estafa al conocimiento; es el Estado el que debe controlar esos síntomas. La misma empresa privada debe asumir que, con el socialismo, llega un nuevo y principal rol: el bien común.
Atentamente

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